Por Huannibal Lecter 🪶
«La política también se mide por sus prioridades. Y las prioridades, tarde o temprano, terminan revelando el verdadero rostro de un gobierno.»
Mientras México vuelve a despertar con noticias de violencia, la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum pareció apostar por un cambio de escenario: música en vivo, reflectores y la presentación del cantante Bogueto como parte del programa México Canta 2026.
No se cuestiona la promoción de la cultura ni el apoyo a nuevos talentos. Lo que resulta difícil de entender es el mensaje que se envía cuando, en el mismo contexto, el país enfrenta una realidad marcada por la inseguridad.
Ese día se confirmó el asesinato del periodista Alejandro Leyva, convirtiéndose en otro caso que evidencia los riesgos que enfrenta la prensa en México. También se reportó el homicidio del alcalde de Temoac, Morelos, atacado dentro del propio Palacio Municipal, un hecho que sacude por la vulnerabilidad de las instituciones.
En medio de ese panorama, la decisión de presentar a un artista que en el pasado difundió un video en el que reconocía haber robado —aunque afirmaba que «no combis»— terminó por alimentar la polémica. Lejos de disminuirla, el cantante respondió a las críticas con una expresión ofensiva en redes sociales.
«Déjense de mamadas»
dejando una imagen poco compatible con el espacio institucional en el que fue presentado.
La crítica no es contra la música. Es contra las prioridades. Cuando la violencia sigue cobrando víctimas y la sociedad espera respuestas claras sobre seguridad y justicia, dedicar un espacio relevante de la conferencia presidencial al entretenimiento inevitablemente genera cuestionamientos.
Las conferencias matutinas nacieron como un ejercicio de comunicación con la ciudadanía. Sin embargo, cuando el espectáculo comienza a ocupar un lugar central, muchos mexicanos pueden preguntarse si los problemas más urgentes están recibiendo la atención que merecen.
Porque, al final, la realidad no cambia con una canción. Los asesinatos, la inseguridad y la exigencia de justicia siguen ahí, esperando algo más que reflectores y aplausos.


















