EL ARCHIVO PROHIBIDO DE OAXACA
Expediente 001 INSTINTO
Hay quienes aseguran que, si visitas el ex convento de Cuilápam de Guerrero cuando cae la noche, sentirás algo extraño.
No es el viento.
No es el silencio.
Es la sensación de que alguien… dejó una obra a la mitad.
Y según una antigua leyenda de Oaxaca, fue el mismo Diablo.
—
Hace siglos, cuando los frailes dominicos llegaron a Cuilápam, uno de ellos tenía una obsesión que no lo dejaba dormir.
Quería construir un templo tan majestuoso que fuera digno de Dios.
Pero había un problema.
No tenía el dinero.
No tenía los hombres.
Y quizá… tampoco tenía el tiempo suficiente para verlo terminado.
Una tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse, un carruaje negro apareció levantando polvo sobre el camino.
Era tirado por dos enormes caballos de pelaje oscuro.
Del interior descendió un hombre elegantemente vestido. Sonreía demasiado para inspirar confianza.
—¿Por qué desperdicias tu vida soñando con un templo imposible? —preguntó con una calma inquietante—. Yo puedo construirlo… en una sola noche.
El fraile sintió un escalofrío.
Sabía perfectamente quién era aquel visitante.
Lucifer.
—¿Y qué quieres a cambio? —preguntó con la voz temblorosa.
El extraño sonrió.
—Solo aquello que todo hombre termina entregando tarde o temprano…
Tu alma.
El fraile rechazó la oferta de inmediato.
Pero el Diablo nunca se marcha después del primer «no».
Durante tres días volvió una y otra vez.
No amenazó.
No gritó.
Solo le mostró lo que podía tener.
Le hizo ver enormes columnas elevándose hacia el cielo.
Vidrieras iluminadas por la luz del amanecer.
Bóvedas tan altas que parecían tocar el cielo.
Un templo que sería recordado por siglos.
La ambición comenzó a vencer a la fe.
Hasta que el cuarto día…
El fraile aceptó.
—Antes de que cante el primer gallo… todo estará terminado —prometió Lucifer.
Aquella noche, el religioso reunió a todos los frailes.
—Pase lo que pase… no salgan de sus celdas.
No miren por las ventanas.
Y recen.
Toda la noche.
Cuando el reloj marcó la medianoche…
Algo comenzó a moverse entre la oscuridad.
No eran hombres.
No eran animales.
Eran sombras.
Miles de sombras.
Subían por los muros como si desafiaran la gravedad.
Transportaban enormes piedras sin esfuerzo.
Las columnas aparecían donde segundos antes no existía nada.
Los muros crecían solos.
Las ventanas tomaban forma.
Las campanas parecían fundirse con el aire.
Todo avanzaba a una velocidad imposible.
Como si el infierno entero estuviera construyendo una iglesia.
Desde su celda, el fraile escuchaba golpes, cadenas, murmullos… y un ruido que jamás pudo olvidar.
No era un idioma humano.
Era el sonido del miedo.
Cuando faltaban únicamente las bóvedas y la gran cúpula…
El remordimiento cayó sobre él.
Había vendido su alma.
Desesperado recordó una sola frase pronunciada por Lucifer.
**»Antes de que cante el primer gallo…»**
Entonces comprendió.
Si lograba hacer creer que ya había amanecido…
El tiempo del pacto terminaría.
Respiró profundamente.
Y lanzó un canto tan perfecto que cualquiera habría jurado que era un gallo anunciando el alba.
El efecto fue inmediato.
Las sombras dejaron caer las piedras.
El viento se detuvo.
El silencio fue absoluto.
Y un rugido de furia estremeció todo el valle.
Lucifer había sido engañado.
El pacto se rompió.
Las sombras desaparecieron antes de colocar la última parte del templo.
Por eso, dicen, el ex convento de Cuilápam permanece inconcluso hasta nuestros días.
No porque faltaran recursos.
No porque murieran los constructores.
Sino porque el Diablo perdió una apuesta contra un simple canto de gallo.
Y hay quienes aseguran que, cuando la noche es demasiado oscura, todavía pueden escucharse pasos entre los muros… como si aquellas sombras regresaran, una y otra vez, intentando terminar la obra que jamás pudieron concluir.
**Ahora dime algo…**
Si todo esto fuera solo una leyenda…
¿Por qué el templo sigue inconcluso después de tantos siglos?
📰 Recibe las historias que importan
Las noticias más relevantes de Oaxaca directamente en tu correo.
Sin spam. Cancela cuando quieras.

















