INSTINTO NOTICIAS | Huehuetoca, Estado de México.- Fue presentada como una de las grandes apuestas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para terminar con el desabasto de medicamentos. Una instalación gigantesca, con capacidad anunciada para almacenar hasta 286 millones de piezas y diseñada para convertirse en el último eslabón de una nueva red nacional de distribución.
Dos años después de su inauguración, la llamada Megafarmacia del Bienestar enfrenta una pregunta incómoda: ¿qué ocurrió con la promesa de convertir una enorme bodega en la solución para millones de pacientes que no encontraban sus medicamentos?
Los datos disponibles muestran una distancia considerable entre el proyecto anunciado y sus resultados. Y, además, aparecen interrogantes sobre el costo, la evolución presupuestal, la operación real del inmueble y la desaparición de información que hasta hace poco podía consultarse en registros oficiales.
No se trata de afirmar, sin una investigación judicial o administrativa que lo determine, que existió un acto de corrupción. Se trata de algo previo y fundamental: establecer si el dinero público fue utilizado de manera eficiente, si el proyecto cumplió el objetivo para el que fue creado y por qué parte de la información sobre su costo y operación dejó de estar disponible.
De la promesa de “ningún mexicano
sin medicinas” a 2.7 recetas diarias
La Megafarmacia fue inaugurada el 29 de diciembre de 2023 en Huehuetoca, Estado de México. Birmex explicó entonces que el Centro Federal de Almacenamiento y Distribución de Insumos para la Salud (Cefedis) tendría capacidad para concentrar medicamentos, vacunas e insumos destinados al IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.
La dimensión del proyecto era considerable: una instalación de aproximadamente 45 hectáreas y una capacidad de almacenamiento anunciada de hasta 286 millones de piezas.
Pero el problema apareció rápidamente: la capacidad física no se tradujo en capacidad efectiva de respuesta.
Apenas 22 días después de su apertura, Birmex reportó que había recibido 12 mil 541 llamadas y que solamente 67 folios habían sido surtidos.
Cuatro meses después, al 29 de abril de 2024, la cifra acumulada era de apenas 341 recetas surtidas. Eso representaba un promedio de 2.7 recetas diarias desde su inauguración.
Para poner el dato en contexto: de acuerdo con información citada por El País, durante 2023 se registraron más de 7.5 millones de recetas no surtidas en instituciones públicas de salud.
La desproporción resulta difícil de ignorar.
Un almacén concebido para atender una emergencia nacional de medicamentos terminó mostrando, al menos durante su primera etapa de operación, una capacidad de respuesta diminuta frente a la magnitud del problema que pretendía resolver.
¿Megafarmacia o almacén central?
Aquí aparece una de las contradicciones centrales del proyecto.
El discurso público presentó a la Megafarmacia como una herramienta capaz de localizar un medicamento faltante y enviarlo al paciente en un plazo de hasta 48 horas.
Sin embargo, documentos obtenidos mediante solicitudes de información revelaron una función más limitada.
En noviembre de 2024, Birmex respondió a una solicitud de información que la Megafarmacia no surtía directamente recetas porque esa responsabilidad correspondía a los institutos de salud. De acuerdo con esa respuesta, el proyecto tenía como función principal concentrar servicios de almacenamiento y preparación de pedidos para IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.
La diferencia no es menor.
Una cosa es construir un gigantesco centro logístico para concentrar inventarios y preparar pedidos institucionales. Otra muy distinta es presentarlo ante la opinión pública como la infraestructura que garantizaría que un paciente pudiera obtener el medicamento que no encontró en su clínica.
El problema, por tanto, no necesariamente es que el inmueble funcionara como almacén. El problema es si se construyó una infraestructura extraordinariamente costosa para desempeñar una función que podía haberse resuelto mediante una red logística distinta y menos onerosa.
Esa es una de las preguntas que merecen una auditoría de desempeño y costo-beneficio.
El costo: de 10 mil 800 millones a más de 15 mil millones
La otra gran interrogante es financiera.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda citados por El Universal, el costo total proyectado del proyecto pasó de aproximadamente 10 mil 800 millones de pesos a 15 mil 028 millones 465 mil 872 pesos.
El incremento reportado fue de alrededor de 4 mil 200 millones de pesos en un año. La cifra contempla el terreno, las instalaciones, adecuaciones y los gastos de operación y mantenimiento durante una vida útil estimada de 30 años.
Esta precisión es indispensable: hablar de “15 mil millones gastados” puede ser engañoso si se interpreta como dinero ya desembolsado. La cifra corresponde al costo total proyectado del proyecto a lo largo de su vida útil, no necesariamente a una erogación inmediata de esa cantidad.
Pero justamente por eso surge otra pregunta:
¿Cuál será el costo real final de la Megafarmacia cuando se sumen las adquisiciones, adecuaciones, operación, mantenimiento, personal, seguridad, tecnología, transporte y demás servicios durante toda su vida útil?
Y una pregunta todavía más importante:
¿Qué beneficios medibles justifican ese costo?
Una bodega casi vacía frente a una emergencia nacional
La capacidad anunciada de almacenamiento contrasta con los inventarios registrados durante sus primeros meses.
En enero de 2024, Birmex informó que la Megafarmacia había comenzado con aproximadamente 2.46 millones de piezas, equivalentes a menos de 1% de su capacidad máxima de almacenamiento. El valor reportado de esas piezas rondaba los 119 millones de pesos.
Es decir, el Estado había construido y acondicionado una infraestructura con capacidad para cientos de millones de medicamentos, pero comenzó a operar con una fracción mínima de ese volumen.
Más significativo aún: parte de los medicamentos utilizados para poner en marcha el centro no fueron adquisiciones nuevas hechas específicamente para la Megafarmacia. Birmex informó que provenían de compras consolidadas de las propias instituciones de salud.
Esto plantea una pregunta que merece ser respondida con documentos:
¿Cuánto costó realmente poner en funcionamiento el centro y qué parte de ese gasto correspondió a infraestructura, qué parte a medicamentos, qué parte a logística y qué parte a servicios contratados?
Sin una contabilidad pública detallada, el ciudadano difícilmente puede determinar si el proyecto representó una inversión eficiente o una infraestructura sobredimensionada.
La transparencia también entró en la lista de pendientes
La dimensión más delicada del caso no está solamente en los números, sino en la información disponible para comprobarlos.
En noviembre de 2025, El Universal documentó que información de la Megafarmacia que había estado disponible en la plataforma de la Secretaría de Hacienda dejó de encontrarse públicamente. Entre los datos que, según el reportaje, desaparecieron estaban referencias a costos de inversión, mantenimiento, operación, evaluaciones y escrituras.
La investigación periodística señaló además que el proyecto aparecía identificado con la clave de cartera 2312NEF0001 y que los datos oficiales habían mostrado el aumento del costo proyectado de 10 mil 800 millones a alrededor de 15 mil millones de pesos.
Que una página cambie, que un documento sea migrado o que una plataforma administrativa sea modificada no constituye por sí mismo una prueba de corrupción.
Pero cuando se trata de una obra pública cuyo costo se incrementó de manera significativa, la desaparición o inaccesibilidad de información genera una obligación adicional para las autoridades: explicar qué ocurrió con esos documentos, dónde se encuentran ahora y bajo qué fundamento dejaron de estar disponibles.
La transparencia no consiste únicamente en publicar información.
También consiste en garantizar que los ciudadanos puedan seguir la pista del dinero público.
El verdadero costo de un elefante blanco
Un elefante blanco no es simplemente un edificio vacío.
Es una infraestructura pública cuyo costo no guarda proporción con los beneficios que genera.
En el caso de la Megafarmacia, los indicadores disponibles permiten formular una hipótesis preocupante: el Estado construyó una enorme capacidad física antes de demostrar que existía una necesidad operativa de semejante escala y sin garantizar que la red logística necesaria funcionara al mismo nivel.
La capacidad de almacenar 286 millones de piezas puede parecer impresionante.
Pero un almacén de esa dimensión no sirve de mucho si los medicamentos no llegan a los pacientes.
Una línea telefónica que recibe miles de llamadas tampoco resuelve el problema si las solicitudes no terminan en medicamentos entregados.
Y un proyecto que cuesta miles de millones de pesos no puede evaluarse únicamente por el tamaño de sus instalaciones, sino por cada peso invertido y por cada resultado obtenido.
La pregunta que queda
La Megafarmacia fue concebida para atacar uno de los problemas más sensibles del sistema público de salud: el desabasto.
Sin embargo, sus propios indicadores iniciales mostraron un nivel de operación muy por debajo de las expectativas. Posteriormente, la propia documentación de Birmex permitió conocer que su función real estaba estrechamente vinculada al almacenamiento y preparación de pedidos institucionales, no al surtimiento directo de recetas a los pacientes.
Mientras tanto, el costo proyectado aumentó y parte de la información financiera y administrativa dejó de estar disponible públicamente, de acuerdo con investigaciones periodísticas.


















