Instinto Noticias.- Después de las inconformidades por la asignación de planteles en la convocatoria «Mi Derecho, Mi Lugar», una palabra comenzó a repetirse en el comunicado de la Secretaría de Educación Pública de Oaxaca: algoritmo.
Para muchos, el término hace pensar en un moderno sistema de inteligencia artificial o en un software desarrollado especialmente para este proceso. Sin embargo, la realidad es distinta.
El algoritmo mencionado por la SEP es el Kuhn-Munkres, un método matemático desarrollado en la década de 1950 por los investigadores Harold W. Kuhn y James Munkres para resolver problemas de asignación de la manera más eficiente posible.
En otras palabras, no se trata de una plataforma creada recientemente ni de una empresa que haya inventado esta tecnología para el ingreso a preparatorias. Es un procedimiento matemático utilizado desde hace décadas en áreas como logística, transporte, programación y distribución de recursos.
Entonces, ¿por qué existen tantas inconformidades?
Especialistas en informática coinciden en que un algoritmo no toma decisiones por sí solo. Su resultado depende de los datos que recibe y de las reglas que quienes lo implementan establecen desde el inicio.
Eso significa que el debate no está necesariamente en el algoritmo, sino en cómo fue configurado para este proceso de asignación.
Por ahora, la SEP Oaxaca ha explicado que el sistema operó con un algoritmo y que el procedimiento fue supervisado para garantizar transparencia. Sin embargo, hasta el momento no ha detallado cuáles fueron los criterios específicos que utilizó el sistema para decidir cuándo un estudiante sería asignado a un plantel distinto al que se encontraba más cerca de su domicilio.
Esa explicación es la que hoy reclaman muchas familias que aseguran que sus hijos fueron enviados a escuelas ubicadas a varios kilómetros de sus hogares, pese a que el objetivo del programa era acercarlos al plantel más conveniente según la disponibilidad de espacios.
La discusión, por tanto, ya no es únicamente tecnológica. También plantea preguntas sobre el diseño del proceso: ¿qué variables tomó en cuenta el sistema?, ¿qué peso tuvo la cercanía del domicilio?, ¿qué ocurrió cuando un plantel se quedó sin lugares? y, sobre todo, ¿es posible conocer esos criterios para entender por qué se asignó cada espacio?
Mientras continúan las revisiones anunciadas por las autoridades educativas, esas respuestas siguen pendientes.
¿Crees que la SEP debería hacer públicos los criterios con los que operó el sistema de asignación para que las familias puedan entender cómo se decidió el destino de cada estudiante?



















