Instinto Noticias Oaxaca de Juárez Oax.- La instalación de un área de calistenia en el parque El Llano abrió una nueva discusión en Oaxaca de Juárez: no solo se trata de colocar barras para hacer ejercicio, sino de decidir qué tipo de ciudad se está construyendo sobre uno de sus espacios públicos más importantes.
El punto que comienza a incomodar a vecinos y usuarios del parque es el piso de caucho que se contempla para esta zona. Aunque este material suele usarse en áreas deportivas por su capacidad para amortiguar caídas, también tiene un lado que pocas veces se explica: puede sellar áreas de tierra, modificar el paso natural del agua al subsuelo y elevar la temperatura de la superficie.
En una ciudad donde cada espacio de tierra cuenta, cubrir una jardinera o una zona natural con caucho no debería verse como un simple detalle de obra. El Llano no es un predio cualquiera. Es uno de los pocos pulmones urbanos del centro y uno de los lugares donde todavía se conserva contacto directo con árboles, sombra, suelo y vida cotidiana.
El problema no es la calistenia. Oaxaca necesita espacios públicos para hacer ejercicio, convivir y recuperar las calles. La pregunta es otra: ¿por qué instalar ese tipo de infraestructura sobre una de las pocas áreas de tierra del parque y no buscar una solución menos invasiva?
El caucho, con el paso del tiempo, el sol, la fricción y la lluvia, puede desprender partículas. En distintos estudios sobre superficies recreativas se ha documentado que algunos tipos de caucho reciclado pueden liberar sustancias como zinc y otros compuestos presentes en el material. El riesgo depende de la calidad del producto, el mantenimiento, la base donde se instala y el sistema de drenaje.
Por eso la discusión no puede reducirse a “es para hacer ejercicio”. La obra necesita claridad técnica. ¿Qué tipo de caucho se va a colocar? ¿Será permeable o impermeable? ¿Qué pasará con el agua de lluvia? ¿Cuántos metros cuadrados se cubrirán? ¿Quién lo venderá? ¿Cuánto costará por metro cuadrado? ¿Hay comparativos con otros materiales menos agresivos para el suelo?
Ahí está el otro punto que ya genera ruido: la sospecha ciudadana de que el precio del piso podría inflarse. Y cuando una obra pública empieza con dudas ambientales y también con dudas de costo, el gobierno tiene la obligación de abrir la información antes de avanzar.
Publicar el presupuesto, la ficha técnica del material, el proveedor, el contrato y la justificación ambiental no debería ser visto como una concesión. Es lo mínimo cuando se interviene un parque histórico y altamente usado por la ciudadanía.
El Llano puede tener barras, sí. Puede tener espacios para jóvenes, deportistas y familias. Pero una mejora urbana no debería significar tapar suelo vivo con materiales que después nadie sabe cómo se degradan, cuánto costaron ni quién los autorizó.
La ciudad necesita ejercicio, pero también necesita sombra, tierra, agua filtrándose al subsuelo y gobiernos que expliquen antes de imponer.
La pregunta queda abierta para quienes caminan, descansan, entrenan o simplemente respiran en El Llano: ¿vale la pena cubrir una zona natural con caucho para una obra que todavía no convence a la ciudadanía?



















